05-14-2012, 03:16 PM
Páginas: 1 2
05-14-2012, 03:30 PM
los ojos no conseguían abrirse del todo, el rocío se había convertido en escarcha y las pestañas del parpado superior se pegaban a las del parpado inferior.
no tenía frío en cambio.
-¿Tienes miedo?
no contestó, no tenía por que.
-¿me temes a mi?
se pasó la mano por los ojos rompiendo la capa de escarcha, entonces los pudo abrir del todo y la vio sobre él.
la acercó a su boca agrietada y la besó bajo el labio inferior, sonó como el rascar de una cuchilla sobre el hielo.
-eso no me lo esperaba...por que...?
incorporarse fue duro, sus huesos crujían como carámbanos en los bordes de los tejados, pero lo hizo.
Ya de pie la miró a la cara en toda su altura.
ella estaba de rodillas, sus piernas se retorcían en la nieve, extrañas...su pelo caía irregular como hojas de invierno.
Ella lo miró con esos ojos suyos: dos perlas ámbar cristalizadas, sin fondo.
- me temes, no te culpo...yo también te temo a ti.
él se agachó de nuevo y rodeó su cuerpo rugoso con sus brazos, pasó su mano congelada por las hojas que nacían de su cuerpo y cerró los ojos una última vez.
ahora sí, dominado por algo más que por el frío.
el viento sonaba distante y a medida que el frío se deshacía de él, el miedo remitía, lentamente las raíces y las ramas del árbol lo fueron rodeando hasta hundirse para siempre en el corazón del hielo.
no tenía frío en cambio.
-¿Tienes miedo?
no contestó, no tenía por que.
-¿me temes a mi?
se pasó la mano por los ojos rompiendo la capa de escarcha, entonces los pudo abrir del todo y la vio sobre él.
la acercó a su boca agrietada y la besó bajo el labio inferior, sonó como el rascar de una cuchilla sobre el hielo.
-eso no me lo esperaba...por que...?
incorporarse fue duro, sus huesos crujían como carámbanos en los bordes de los tejados, pero lo hizo.
Ya de pie la miró a la cara en toda su altura.
ella estaba de rodillas, sus piernas se retorcían en la nieve, extrañas...su pelo caía irregular como hojas de invierno.
Ella lo miró con esos ojos suyos: dos perlas ámbar cristalizadas, sin fondo.
- me temes, no te culpo...yo también te temo a ti.
él se agachó de nuevo y rodeó su cuerpo rugoso con sus brazos, pasó su mano congelada por las hojas que nacían de su cuerpo y cerró los ojos una última vez.
ahora sí, dominado por algo más que por el frío.
el viento sonaba distante y a medida que el frío se deshacía de él, el miedo remitía, lentamente las raíces y las ramas del árbol lo fueron rodeando hasta hundirse para siempre en el corazón del hielo.
05-14-2012, 03:36 PM
Pues os dejo un par míos que están por los mundos internetiles 
Fantasía: Alas Negras
Ciencia-Ficción: El infinito a nuestros pies

Fantasía: Alas Negras
Ciencia-Ficción: El infinito a nuestros pies
05-14-2012, 03:41 PM
Perrigato nos deja el listón alto
Me gustó, no entendí muy bien, me recuerda al mito de Dafne, aunque bien puede ser una alucinación. Muy onírico, me gusta.
Voy a leer los de Nullien
Nullien me han gustado los dos, pero sobretodo el de Ciencia Ficción (El infinito a nuestros pies).
Me gustó, no entendí muy bien, me recuerda al mito de Dafne, aunque bien puede ser una alucinación. Muy onírico, me gusta.Voy a leer los de Nullien
Nullien me han gustado los dos, pero sobretodo el de Ciencia Ficción (El infinito a nuestros pies).
05-14-2012, 04:03 PM
Una isla enana, en cada punto cardinal un muelle con un barco atracado, sobre cada barco un cartel que señalaba su próximo destino, en el medio de la isla, un único edificio, en el tercer piso de ese edificio, en el apartamento C vivía una niña soñadora, por las noches antes de ir a dormir y de hablar con quien se molestaba en intentarlo escribía historias, a veces los gritos del piso contiguo la desconcertaban, sobretodo cuando se escuchaban golpes con esos gritos, entonces se sentía frustrada no sabía que hacer, sabía que estaba mal y que deberían hacer algo pero a la mañana siguiente la mujer siempre le sonreía y le preguntaba que tal llevaba el colegio así que suponía que habían solucionado sus problemas.
Sus historias trataban de monstruos y gente que los combatía, los monstruos siempre presentaban un punto débil, una kriptonita, y la gente que los combatía siempre encontraba el modo de deshacerse de ellos y volver el mundo a la normalidad. Tenía un personaje favorito en estas historias, era un chico de su edad, seguramente una versión idealizada del chico que quería que la salvase a ella, el chaval tenía todas las características para ser un heroe, en las historias siempre se enamoraba de una chica que siempre era extrañamente parecida a la escritora de las historias, pero era un detalle que a la niña no le quitaba el sueño, al menos no de una manera maligna.
En esta ocasión creía haber creado al monstruo perfecto, tenía de todo, alas, una baba ácida que derretía todo e incluso malas intenciones. Su chico ideal, llamado Jack (porque era fácil de escribir y no quería escribir un nombre que hiciese sospechar a alguien que leyese por accidente sus historias)cogía un barco a una isla para visitar a un tío suyo que era científico, al llegar a el laboratorio de su tío lo encuentra destrozado, matraces y probetas rotas por el suelo, papeles revueltos y desechos...y un charco de algo viscoso que echaba humo, Jack buscaba alguna pista para saber si su tío se encontraba bien y así llega hasta un cuarto donde encuentra al cuerpo malherido de su tío, el hombre le cuenta que un experimento había salido mal y había despertado a un horrible demonio devora vidas, con sus últimos suspiros el científico deja sobre la mano temblorosa de su sobrino un frasco de un líquido anaranjado y le confía sus últimas palabras:
“hijo, siguelo, sigue su rastro, debes hacer que trague esto, no hay vuelta atrás, llegará un momento donde despierte del todo y entonces ese será el fin para el mundo, solo este líquido puede dañarlo”
Jack comprende que debe conseguir a toda costa que el monstruo beba ese líquido. Así que sale en su búsqueda, al abrír la puerta choca de frente con una chica de su misma edad, pelo moreno y ojos enormes que lo mira sorprendida, ella le cuenta que es una alumna del profesor y que estaba trabajando con el en una investigación, cuando él le cuenta lo ocurrido comienza a llorar y Jack le pasa un brazo por los hombros para reconfortarla, ella le dice que no sabe que ha ocurrido y que pensaba que las investigaciones iba por buen camino.
Jack y la chica, que se llamaba Michelle deciden unirse para arreglar el problema, pero después de la catástrofe en el laboratorio no encuentran ninguna noticia de locura o destrozos en toda la isla.
Perdidos no saben que hacer así que Jack le dice que descansen un poco y coman algo, Michelle accede y hablan de como era su tío, ella se ríe de algunos gestos de Jack que le recuerdan a su profesor y el le cuenta algunas cosas sobre su tío que ella no imaginaría, como que le encantaba hacer piragüismo y nadar.
Pronto pasa un largo tiempo y ellos parecen no darse cuenta, casi han olvidado que hacen allí, Jack comienza a mirar demasiado seguido los enormes ojos de Michelle y ella se ríe de cualquier cosa de forma nerviosa y no comprende del todo por que.
Cuando el sol se pone los dos saben que la otra persona es la persona que siempre han querido a su lado y olvidan totalmente al monstruo, sentados en el banco Michelle se queda dormida y su cabeza cae sobre el hombro de Jack, él está completamente pletórico, con una de sus manos Jack acaricia el pelo de Michelle y luego su cuello, ella se estremece en sueños y entonces Jack nota algo en el cuello de Michelle, aparta bien el pelo y ve una especie de costra verde en su nuca, asustado Jack la agarra y tira y Michelle se despierta con un grito.
“!au! ¿Que haces Jack?”
“tenías algo en la nuca, era como una costra verde, me asusté y tiré de ella”
“¿una costra? ¿De que estás hablando?” en ese momento Michelle se levantó del banco y se pasó la mano por la nuca, cuando giró para llegar bien, Jack se fijó en dos bultos extraños de la espalda de Michelle.
“¿que es eso Michelle?, tienes dos bultos extraños en la espalda...”
“oh dios Jack, ¿que me está pasando?”
Michelle comenzó a llorar mientras se quitaba la camiseta, entonces Jack pudo ver su cuerpo, lleno de pequeñas costras verdes, y con dos alas brillantes saliéndole de los omóplatos, Jack la miraba con los ojos como platos y ella gritó de dolor, lo miró una vez más con unos ojos humanos que comenzaron a llorar y justo después se convirtieron en ojos totalmente blancos para luego ponerse totalmente verdes, un verde brillante que no era de este mundo, de su boca escapó un grito silbante que expulsaba una baba verde, como la del laboratorio, Jack comprendió que ella era el monstruo, ella era el experimento que había salido mal, y sabía que debía hacer. Jack acarició el frasco de su bolsillo. En ese momento la bestia volvió a gritar y extendió sus alas, y voló hacia los edificios del norte, Jack salió corriendo tras ella, aún sin saber exactamente que iba a hacer, hace pocos minutos estaba completamente enamorado de esa bestia, ¿y ahora debía matarla?, no sabía que hacer, pero debía hacer algo, vio como Michelle sobre la calle frente a una tienda 24 horas, el dependiente la vio y comenzó a gritar cuando la bestia destrozó la puerta y entró, Jack corrió pero no lo suficiente para salvar al dependiente y a los tres clientes de la tienda,Michelle devoraba a uno de ellos agachada cuando Jack llegó, levantó la cabeza y le gritó, pero no se levantó, Jack se acercó lentamente y la vio comer, en silencio, posó una mano sobre los hombros de Michelle.
“Como pudo hacerte esto...Michelle..., yo... debo matarte, pero ¿y luego que?, no es tu culpa...yo, yo me atreví a soñar con que llegásemos a ser novios, casarnos, una familia, y te miro ahora, un monstruo, asesino...de poder incalculable...caníbal...y sin embargo, sigues siendo perfecta para mí”
Michelle giró su cabeza ensangrentada y miró con esos enormes ojos verdes hambrientos a Jack, siseaba, casi como un arrullo, Jack abrió el frasco de su bolsillo y lo bebió, luego miró a Michelle por última vez y la besó derramando el líquido en la boca de la bestia, ella, en su locura fue devorando la cara y luego la cabeza entera de Jack para luego morir en silencio sobre el suelo de la tienda de 24 horas.
Sus historias trataban de monstruos y gente que los combatía, los monstruos siempre presentaban un punto débil, una kriptonita, y la gente que los combatía siempre encontraba el modo de deshacerse de ellos y volver el mundo a la normalidad. Tenía un personaje favorito en estas historias, era un chico de su edad, seguramente una versión idealizada del chico que quería que la salvase a ella, el chaval tenía todas las características para ser un heroe, en las historias siempre se enamoraba de una chica que siempre era extrañamente parecida a la escritora de las historias, pero era un detalle que a la niña no le quitaba el sueño, al menos no de una manera maligna.
En esta ocasión creía haber creado al monstruo perfecto, tenía de todo, alas, una baba ácida que derretía todo e incluso malas intenciones. Su chico ideal, llamado Jack (porque era fácil de escribir y no quería escribir un nombre que hiciese sospechar a alguien que leyese por accidente sus historias)cogía un barco a una isla para visitar a un tío suyo que era científico, al llegar a el laboratorio de su tío lo encuentra destrozado, matraces y probetas rotas por el suelo, papeles revueltos y desechos...y un charco de algo viscoso que echaba humo, Jack buscaba alguna pista para saber si su tío se encontraba bien y así llega hasta un cuarto donde encuentra al cuerpo malherido de su tío, el hombre le cuenta que un experimento había salido mal y había despertado a un horrible demonio devora vidas, con sus últimos suspiros el científico deja sobre la mano temblorosa de su sobrino un frasco de un líquido anaranjado y le confía sus últimas palabras:
“hijo, siguelo, sigue su rastro, debes hacer que trague esto, no hay vuelta atrás, llegará un momento donde despierte del todo y entonces ese será el fin para el mundo, solo este líquido puede dañarlo”
Jack comprende que debe conseguir a toda costa que el monstruo beba ese líquido. Así que sale en su búsqueda, al abrír la puerta choca de frente con una chica de su misma edad, pelo moreno y ojos enormes que lo mira sorprendida, ella le cuenta que es una alumna del profesor y que estaba trabajando con el en una investigación, cuando él le cuenta lo ocurrido comienza a llorar y Jack le pasa un brazo por los hombros para reconfortarla, ella le dice que no sabe que ha ocurrido y que pensaba que las investigaciones iba por buen camino.
Jack y la chica, que se llamaba Michelle deciden unirse para arreglar el problema, pero después de la catástrofe en el laboratorio no encuentran ninguna noticia de locura o destrozos en toda la isla.
Perdidos no saben que hacer así que Jack le dice que descansen un poco y coman algo, Michelle accede y hablan de como era su tío, ella se ríe de algunos gestos de Jack que le recuerdan a su profesor y el le cuenta algunas cosas sobre su tío que ella no imaginaría, como que le encantaba hacer piragüismo y nadar.
Pronto pasa un largo tiempo y ellos parecen no darse cuenta, casi han olvidado que hacen allí, Jack comienza a mirar demasiado seguido los enormes ojos de Michelle y ella se ríe de cualquier cosa de forma nerviosa y no comprende del todo por que.
Cuando el sol se pone los dos saben que la otra persona es la persona que siempre han querido a su lado y olvidan totalmente al monstruo, sentados en el banco Michelle se queda dormida y su cabeza cae sobre el hombro de Jack, él está completamente pletórico, con una de sus manos Jack acaricia el pelo de Michelle y luego su cuello, ella se estremece en sueños y entonces Jack nota algo en el cuello de Michelle, aparta bien el pelo y ve una especie de costra verde en su nuca, asustado Jack la agarra y tira y Michelle se despierta con un grito.
“!au! ¿Que haces Jack?”
“tenías algo en la nuca, era como una costra verde, me asusté y tiré de ella”
“¿una costra? ¿De que estás hablando?” en ese momento Michelle se levantó del banco y se pasó la mano por la nuca, cuando giró para llegar bien, Jack se fijó en dos bultos extraños de la espalda de Michelle.
“¿que es eso Michelle?, tienes dos bultos extraños en la espalda...”
“oh dios Jack, ¿que me está pasando?”
Michelle comenzó a llorar mientras se quitaba la camiseta, entonces Jack pudo ver su cuerpo, lleno de pequeñas costras verdes, y con dos alas brillantes saliéndole de los omóplatos, Jack la miraba con los ojos como platos y ella gritó de dolor, lo miró una vez más con unos ojos humanos que comenzaron a llorar y justo después se convirtieron en ojos totalmente blancos para luego ponerse totalmente verdes, un verde brillante que no era de este mundo, de su boca escapó un grito silbante que expulsaba una baba verde, como la del laboratorio, Jack comprendió que ella era el monstruo, ella era el experimento que había salido mal, y sabía que debía hacer. Jack acarició el frasco de su bolsillo. En ese momento la bestia volvió a gritar y extendió sus alas, y voló hacia los edificios del norte, Jack salió corriendo tras ella, aún sin saber exactamente que iba a hacer, hace pocos minutos estaba completamente enamorado de esa bestia, ¿y ahora debía matarla?, no sabía que hacer, pero debía hacer algo, vio como Michelle sobre la calle frente a una tienda 24 horas, el dependiente la vio y comenzó a gritar cuando la bestia destrozó la puerta y entró, Jack corrió pero no lo suficiente para salvar al dependiente y a los tres clientes de la tienda,Michelle devoraba a uno de ellos agachada cuando Jack llegó, levantó la cabeza y le gritó, pero no se levantó, Jack se acercó lentamente y la vio comer, en silencio, posó una mano sobre los hombros de Michelle.
“Como pudo hacerte esto...Michelle..., yo... debo matarte, pero ¿y luego que?, no es tu culpa...yo, yo me atreví a soñar con que llegásemos a ser novios, casarnos, una familia, y te miro ahora, un monstruo, asesino...de poder incalculable...caníbal...y sin embargo, sigues siendo perfecta para mí”
Michelle giró su cabeza ensangrentada y miró con esos enormes ojos verdes hambrientos a Jack, siseaba, casi como un arrullo, Jack abrió el frasco de su bolsillo y lo bebió, luego miró a Michelle por última vez y la besó derramando el líquido en la boca de la bestia, ella, en su locura fue devorando la cara y luego la cabeza entera de Jack para luego morir en silencio sobre el suelo de la tienda de 24 horas.
05-14-2012, 04:58 PM
Bueno, os dejo uno que he improvisado y me dispongo a leer los vuestros, me he pasado es un poco largo.
Bueno ahí va...
El abismo y la muerte
Esa era la Noche.
Me hallaba a los pies de la Capilla, con mi colt 44. Siempre me habían gustado las películas de vaqueros. Hoy en día, incluso un hombre bueno puede conseguir un arma.
No os equivoquéis, no era un hombre bueno. Tampoco un asesino, o al menos no lo había sido hasta ese momento. Pero esa noche, sería una noche de muerte.
Si eso hubiese sucedido hace unos años, habría tomado a Antonio como a otro competidor amistoso más, incluso podríamos haber llegado a ser amigos, después de asumir mi derrota. Pero no ese día, no por Iria.
Observé el edificio cristiano una vez más. Jamás pude comprender a ese Dios. El Dios del amor, de la redención, el Dios del perdón, de los premios después de la muerte. Pero a mi no me importaba lo que vendría después, y ni su amor ni sus palabras podrían haber si quiera arrojado un poco de paz ante mis sentimientos hacia esa mujer.
Aferré una vez más la botella de vino blanco que había edulcorado con otras sustancias, y le di otro trago. Desvié mi mirada hacia el arma cuyo metal refulgía bajo la luz de la luna. Me pregunté cuantos habían sido asesinados por una como esa. Cuantos habían dado muerte por una causa justa, como la mía; cuantos habían apretado el gatillo por amor.
Oteé el paisaje una vez más, a ver si ya habían llegado. Por ahora, todo se encontraba tranquilo. Los árboles murmuraban una suave brisa que acariciaba las hierbas teñidas de azul. La luna llena presidía hoy el cielo, despejado y plagado de estrellas.
Una noche estupenda. La gente de hoy en día jamás se para a mirar. Pero yo había viajado por todo el mundo, y jamás había encontrado la paz que estas tierras insuflan a sus habitantes. Esas tierras cuyo único vestigio de civilización era la pequeña iglesia cristiana. No podía ser mas antigua que el siglo X.
Noté el sonido de un motor y deje la campiña para esconderme tras una arboleda. Escuché el sonido de puertas cerrándose, y luego risas, carcajadas, cumplidos, y amor. El amor que me había sido arrebatado.
Acabé la botella de vino y la posé tras de mí. Aferré el arma con las dos manos y esperé a ver mi blanco. En cuanto comenzaran a seguir la tradición, darían tres vueltas a la capilla, y entonces tendría a Antonio a tiro.
Cargué mi revólver, pero el sonido se hizo incomprensiblemente mayor a lo esperado.
–¿Eh? ¿Hay alguien ahí? –inquirió Antonio.
De pronto, escuché un “click” y un halógeno me apuntó entre los árboles. Cegado, retrocedí hasta tropezarme con la propia botella de vino. El alcohol siempre te juega malas pasadas. Caí por un desnivel y choqué contra varios árboles, luego vino una ladera, unas piedras, y una gran roca me dio el golpe final.
La brisa se hizo tan fría como el hielo de Islandia, la noche tan oscura como el abismo espacial. Tendido en el suelo, giré mis ojos en ambas direcciones. Se hallaba ante mí la entrada a otro paraje. La boca a otro mundo, una cueva angulosa. La luz salió de ella, pero no era luz sino la tez de una mujer bella, que, acercándose a mi ya casi extinto ser, me dijo con voz ancestral:
– Ven con nosotros, humano, aquí estarás a salvo. Ven con nosotros adentro, ven con nosotros, el pueblo ateo. El pueblo que vivía antes del Cristo Señor. El pueblo que no encontró paz en sus palabras de amor. Quienes murieron en Medulio por manos de Rómulo, quienes murieron en la hoguera por ser bañados por Navia. Ven con nosotros, hermano, pues tu lucha es en vano, ninguno de los nuestros halló amor en el mundo cristiano, ven con nosotros a un paraje lejano, y deja a sus Seguidores este plano mundano.
Dejé de sentir frío, y la luna dejó de iluminar. Sólo su tez me guiaba entre la niebla, atraía mi cuerpo como si fuese un imán.
Jajajaja un final jodidamente feliz, de los que me gustan. xDDDDD. He de decir que el nombre de Jack (por Jack el destripador, y este sustrato Dr. Jeckyll y Mr. Hyde) me hicieron sospechar, por lo que me gustó la resolución que era totalmente contraria a lo que creía que iba a pasar.
Bueno ahí va...
El abismo y la muerte
Esa era la Noche.
Me hallaba a los pies de la Capilla, con mi colt 44. Siempre me habían gustado las películas de vaqueros. Hoy en día, incluso un hombre bueno puede conseguir un arma.
No os equivoquéis, no era un hombre bueno. Tampoco un asesino, o al menos no lo había sido hasta ese momento. Pero esa noche, sería una noche de muerte.
Si eso hubiese sucedido hace unos años, habría tomado a Antonio como a otro competidor amistoso más, incluso podríamos haber llegado a ser amigos, después de asumir mi derrota. Pero no ese día, no por Iria.
Observé el edificio cristiano una vez más. Jamás pude comprender a ese Dios. El Dios del amor, de la redención, el Dios del perdón, de los premios después de la muerte. Pero a mi no me importaba lo que vendría después, y ni su amor ni sus palabras podrían haber si quiera arrojado un poco de paz ante mis sentimientos hacia esa mujer.
Aferré una vez más la botella de vino blanco que había edulcorado con otras sustancias, y le di otro trago. Desvié mi mirada hacia el arma cuyo metal refulgía bajo la luz de la luna. Me pregunté cuantos habían sido asesinados por una como esa. Cuantos habían dado muerte por una causa justa, como la mía; cuantos habían apretado el gatillo por amor.
Oteé el paisaje una vez más, a ver si ya habían llegado. Por ahora, todo se encontraba tranquilo. Los árboles murmuraban una suave brisa que acariciaba las hierbas teñidas de azul. La luna llena presidía hoy el cielo, despejado y plagado de estrellas.
Una noche estupenda. La gente de hoy en día jamás se para a mirar. Pero yo había viajado por todo el mundo, y jamás había encontrado la paz que estas tierras insuflan a sus habitantes. Esas tierras cuyo único vestigio de civilización era la pequeña iglesia cristiana. No podía ser mas antigua que el siglo X.
Noté el sonido de un motor y deje la campiña para esconderme tras una arboleda. Escuché el sonido de puertas cerrándose, y luego risas, carcajadas, cumplidos, y amor. El amor que me había sido arrebatado.
Acabé la botella de vino y la posé tras de mí. Aferré el arma con las dos manos y esperé a ver mi blanco. En cuanto comenzaran a seguir la tradición, darían tres vueltas a la capilla, y entonces tendría a Antonio a tiro.
Cargué mi revólver, pero el sonido se hizo incomprensiblemente mayor a lo esperado.
–¿Eh? ¿Hay alguien ahí? –inquirió Antonio.
De pronto, escuché un “click” y un halógeno me apuntó entre los árboles. Cegado, retrocedí hasta tropezarme con la propia botella de vino. El alcohol siempre te juega malas pasadas. Caí por un desnivel y choqué contra varios árboles, luego vino una ladera, unas piedras, y una gran roca me dio el golpe final.
La brisa se hizo tan fría como el hielo de Islandia, la noche tan oscura como el abismo espacial. Tendido en el suelo, giré mis ojos en ambas direcciones. Se hallaba ante mí la entrada a otro paraje. La boca a otro mundo, una cueva angulosa. La luz salió de ella, pero no era luz sino la tez de una mujer bella, que, acercándose a mi ya casi extinto ser, me dijo con voz ancestral:
– Ven con nosotros, humano, aquí estarás a salvo. Ven con nosotros adentro, ven con nosotros, el pueblo ateo. El pueblo que vivía antes del Cristo Señor. El pueblo que no encontró paz en sus palabras de amor. Quienes murieron en Medulio por manos de Rómulo, quienes murieron en la hoguera por ser bañados por Navia. Ven con nosotros, hermano, pues tu lucha es en vano, ninguno de los nuestros halló amor en el mundo cristiano, ven con nosotros a un paraje lejano, y deja a sus Seguidores este plano mundano.
Dejé de sentir frío, y la luna dejó de iluminar. Sólo su tez me guiaba entre la niebla, atraía mi cuerpo como si fuese un imán.
(05-14-2012 04:03 PM)Perrigato escribió: [ -> ]Una isla enana, en cada punto cardinal un muelle con un barco atracado, sobre cada barco un cartel que señalaba su próximo destino, en el medio de la isla, un único edificio, en el tercer piso de ese edificio, en el apartamento C vivía una niña soñadora, por las noches antes de ir a dormir y de hablar con quien se molestaba en intentarlo escribía historias, a veces los gritos del piso contiguo la desconcertaban, sobretodo cuando se escuchaban golpes con esos gritos, entonces se sentía frustrada no sabía que hacer, sabía que estaba mal y que deberían hacer algo pero a la mañana siguiente la mujer siempre le sonreía y le preguntaba que tal llevaba el colegio así que suponía que habían solucionado sus problemas.
Sus historias trataban de monstruos y gente que los combatía, los monstruos siempre presentaban un punto débil, una kriptonita, y la gente que los combatía siempre encontraba el modo de deshacerse de ellos y volver el mundo a la normalidad. Tenía un personaje favorito en estas historias, era un chico de su edad, seguramente una versión idealizada del chico que quería que la salvase a ella, el chaval tenía todas las características para ser un heroe, en las historias siempre se enamoraba de una chica que siempre era extrañamente parecida a la escritora de las historias, pero era un detalle que a la niña no le quitaba el sueño, al menos no de una manera maligna.
En esta ocasión creía haber creado al monstruo perfecto, tenía de todo, alas, una baba ácida que derretía todo e incluso malas intenciones. Su chico ideal, llamado Jack (porque era fácil de escribir y no quería escribir un nombre que hiciese sospechar a alguien que leyese por accidente sus historias)cogía un barco a una isla para visitar a un tío suyo que era científico, al llegar a el laboratorio de su tío lo encuentra destrozado, matraces y probetas rotas por el suelo, papeles revueltos y desechos...y un charco de algo viscoso que echaba humo, Jack buscaba alguna pista para saber si su tío se encontraba bien y así llega hasta un cuarto donde encuentra al cuerpo malherido de su tío, el hombre le cuenta que un experimento había salido mal y había despertado a un horrible demonio devora vidas, con sus últimos suspiros el científico deja sobre la mano temblorosa de su sobrino un frasco de un líquido anaranjado y le confía sus últimas palabras:
“hijo, siguelo, sigue su rastro, debes hacer que trague esto, no hay vuelta atrás, llegará un momento donde despierte del todo y entonces ese será el fin para el mundo, solo este líquido puede dañarlo”
Jack comprende que debe conseguir a toda costa que el monstruo beba ese líquido. Así que sale en su búsqueda, al abrír la puerta choca de frente con una chica de su misma edad, pelo moreno y ojos enormes que lo mira sorprendida, ella le cuenta que es una alumna del profesor y que estaba trabajando con el en una investigación, cuando él le cuenta lo ocurrido comienza a llorar y Jack le pasa un brazo por los hombros para reconfortarla, ella le dice que no sabe que ha ocurrido y que pensaba que las investigaciones iba por buen camino.
Jack y la chica, que se llamaba Michelle deciden unirse para arreglar el problema, pero después de la catástrofe en el laboratorio no encuentran ninguna noticia de locura o destrozos en toda la isla.
Perdidos no saben que hacer así que Jack le dice que descansen un poco y coman algo, Michelle accede y hablan de como era su tío, ella se ríe de algunos gestos de Jack que le recuerdan a su profesor y el le cuenta algunas cosas sobre su tío que ella no imaginaría, como que le encantaba hacer piragüismo y nadar.
Pronto pasa un largo tiempo y ellos parecen no darse cuenta, casi han olvidado que hacen allí, Jack comienza a mirar demasiado seguido los enormes ojos de Michelle y ella se ríe de cualquier cosa de forma nerviosa y no comprende del todo por que.
Cuando el sol se pone los dos saben que la otra persona es la persona que siempre han querido a su lado y olvidan totalmente al monstruo, sentados en el banco Michelle se queda dormida y su cabeza cae sobre el hombro de Jack, él está completamente pletórico, con una de sus manos Jack acaricia el pelo de Michelle y luego su cuello, ella se estremece en sueños y entonces Jack nota algo en el cuello de Michelle, aparta bien el pelo y ve una especie de costra verde en su nuca, asustado Jack la agarra y tira y Michelle se despierta con un grito.
“!au! ¿Que haces Jack?”
“tenías algo en la nuca, era como una costra verde, me asusté y tiré de ella”
“¿una costra? ¿De que estás hablando?” en ese momento Michelle se levantó del banco y se pasó la mano por la nuca, cuando giró para llegar bien, Jack se fijó en dos bultos extraños de la espalda de Michelle.
“¿que es eso Michelle?, tienes dos bultos extraños en la espalda...”
“oh dios Jack, ¿que me está pasando?”
Michelle comenzó a llorar mientras se quitaba la camiseta, entonces Jack pudo ver su cuerpo, lleno de pequeñas costras verdes, y con dos alas brillantes saliéndole de los omóplatos, Jack la miraba con los ojos como platos y ella gritó de dolor, lo miró una vez más con unos ojos humanos que comenzaron a llorar y justo después se convirtieron en ojos totalmente blancos para luego ponerse totalmente verdes, un verde brillante que no era de este mundo, de su boca escapó un grito silbante que expulsaba una baba verde, como la del laboratorio, Jack comprendió que ella era el monstruo, ella era el experimento que había salido mal, y sabía que debía hacer. Jack acarició el frasco de su bolsillo. En ese momento la bestia volvió a gritar y extendió sus alas, y voló hacia los edificios del norte, Jack salió corriendo tras ella, aún sin saber exactamente que iba a hacer, hace pocos minutos estaba completamente enamorado de esa bestia, ¿y ahora debía matarla?, no sabía que hacer, pero debía hacer algo, vio como Michelle sobre la calle frente a una tienda 24 horas, el dependiente la vio y comenzó a gritar cuando la bestia destrozó la puerta y entró, Jack corrió pero no lo suficiente para salvar al dependiente y a los tres clientes de la tienda,Michelle devoraba a uno de ellos agachada cuando Jack llegó, levantó la cabeza y le gritó, pero no se levantó, Jack se acercó lentamente y la vio comer, en silencio, posó una mano sobre los hombros de Michelle.
“Como pudo hacerte esto...Michelle..., yo... debo matarte, pero ¿y luego que?, no es tu culpa...yo, yo me atreví a soñar con que llegásemos a ser novios, casarnos, una familia, y te miro ahora, un monstruo, asesino...de poder incalculable...caníbal...y sin embargo, sigues siendo perfecta para mí”
Michelle giró su cabeza ensangrentada y miró con esos enormes ojos verdes hambrientos a Jack, siseaba, casi como un arrullo, Jack abrió el frasco de su bolsillo y lo bebió, luego miró a Michelle por última vez y la besó derramando el líquido en la boca de la bestia, ella, en su locura fue devorando la cara y luego la cabeza entera de Jack para luego morir en silencio sobre el suelo de la tienda de 24 horas.
Jajajaja un final jodidamente feliz, de los que me gustan. xDDDDD. He de decir que el nombre de Jack (por Jack el destripador, y este sustrato Dr. Jeckyll y Mr. Hyde) me hicieron sospechar, por lo que me gustó la resolución que era totalmente contraria a lo que creía que iba a pasar.
05-16-2012, 11:54 PM
El ático
Todo oscuridad. En aquella habitación imperaba la más sórdida oscuridad que uno se pueda imaginar. Un lugar en el que nadie estaría dispuesto a pasar un solo segundo de su vida. Un lugar que podría enloquecer a cualquier ser viviente.
El ambiente silencioso contribuía a que aquel entorno se volviera todavía más espeluznante y tenebroso. Sin embargo, algo rompía aquel silencio. Una respiración entrecortada y agitada se podía apreciar claramente en todos los rincones de aquella misteriosa habitación. Un joven de unos dieciséis años yacía casi inconsciente en un suelo mugriento donde únicamente había suciedad y donde solo las ratas podrían sobrevivir.
Poco a poco el joven fue recuperando la consciencia. Se llamaba Ileas y no sabía donde estaba ni que era lo que estaba haciendo allí. Su mente estaba completamente confusa y la gran oscuridad que lo rodeaba le complicaba mucho más intentar reconocer el entorno en el que se hallaba. Con el paso de los minutos pudo reconocer objetos que lo rodeaban y cada vez apreciaba con mayor detalle como era aquella habitación en la que se encontraba. Le parecía estar en una cárcel pues únicamente un pequeñísimo ventanuco lo comunicaba aparentemente con el exterior.
Unos ínfimos rayos de luz atravesaban el ventanuco que estaba protegido con gruesos barrotes de hierro. En la pared del cuarto había innumerables agujeros y estaba pintada en un tono lúgubre. De repente, Ileas se dio cuenta de que había algo en aquella pared, algo en lo que no se había fijado anteriormente. Unas letras de un rojo intenso decoraban la pared y en ellas se podía leer BIENVENIDO A CASA. Ileas apresuradamente tocó aquellas letras y pudo comprobar que sus manos se manchaban de una tinta rojiza lo cual le hizo saber que aquel mensaje había sido escrito recientemente y sabía que era para él.
El ático 2
La cabeza le empezaba a dar vueltas, no sabía como actuar, no tenía escapatoria posible. Todo a su alrededor lo confundía, nada le propiciaba el consuelo y apoyo que necesitaba con tanto fervor en aquel momento. ¿Quién le había llevado a aquel lugar tan espantoso? Y sobre todo ¿por qué?.
Ileas era a su parecer un chico normal como cualquiera de su edad. No tenía nada especial, nada que pudiera llevar a alguien a secuestrarlo.
Vivía en Groncesvalle, un pequeño pueblito a las afueras de Corbinay. Aquel pueblo estaba delimitado por enormes montañas, las cuales impedían ver la ciudad y todo lo que se encontraba más allá de esa gran muralla. Extensos de trigo cubrían una gran parte de su superficie mientras que en las zonas de mayor altitud se podían contemplar verdosos prados de gran tamaño.
La vida transcurría lentamente, como sucede en todos los pueblos, lejos de los ruídos y agobios que sufrían los habitantes de Corbinay. Aparentemente la mayoría de los habitantes del pueblo tenían un buen trato, salvo algún malentendido las discusiones no solían estar a la orden del día. Su familia era muy humilde y nunca había tenido problemas relevantes con ningún vecino, todo el mundo los quería por su gran amabilidad y atención.
Sin embargo en Groncesvalle no todo era tranquilidad. Desde hacía muchos siglos circulaba una leyenda por el pueblo que se había transmitido generación tras generación. Algo tan terrible que mantenía inquietos a todos los habitantes temiendo que algíun día se pudiera llegar a cumplir. La leyenda databa de 500 siglos atrás, cuando el pueblo había sido atacado por seres que nadie había llegado a identificar. Numerosas versiones se crearon el respecto; muchos hablaban de bestias salvajes otros de seres endemoniados. Realmente nadie sabía con certeza que había pasado allí.
Entre los objetos que no fueran destruídos se encontró uno que llamó particularmente la atención de los posteriores habitantes del pueblo. Un pergamino escrito en una tinta muy roja advertía de un gran peligro. Lamentablemente un fragmento del pergamino se encontraba quemado por lo que no se podía leer todo su contenido. La parte legible comunicaba lo siguiente:
“ Nadie, absolutamente nadie saldrá con vida de este pueblo. Un día todos los planetas se alinearán y en ese momento el caos será terrible. El daño que habeis echo lo pagaréis y no podreis escapar a vuestro destino. Solo…”
Ningún habitante sabía como continuaba la historia y eso les creaba una gran preocupación.
Las imágenes se acumulaban en su mente, toda su vida podía estar siendo destruída por algo ajeno a él o quizá más próximo de lo que se pensaba. Una gran fuerza comenzó a surgir en su interior, algo le decía que no se encontraba en aquel ático por una casualidad.
El bosque
Ajenos a lo que pasaba por la mente de Ileas, un grupo de hombres charlaban a la luz de la luna. Se encontraban en un bosque muy frondoso y la maleza los rodeaba con un aire amenazador. Uno de los hombres destacaba sobre el resto. Su estatura era sorprendente, cualquiera a su lado parecía una simple hormiga. Tenía unos rasgos muy marcados y avejentados, pero lo que más llamaba la atención eran sus ojos; unos ojos negros como el azabache y tan penetrantes que cualquiera se podría perder en ellos. Su aspecto lo convertía en un ser que irradiaba terror por todas sus partes.
Los demás miembros del grupo no parecían demasiado peculiares, únicamente resaltaba la gran cantidad de vello que cubría sus cuerpos. Todos parecían nerviosos, la intranquilidad y temor se apreciaba en el ambiente. En ese momento Centílope, el más alto de los hombres rompió el incómodo silencio:
- No debemos preocuparnos, sabéis que no tenemos nada que temer. La única persona que podría hacer fallar nuestro plan está en nuestras manos y nunca se convertirá en un peligro para nosotros. Le he encargado a Freudun que no bajara la guardia y lo vigilara muy de cerca.
- Sabes que no nos podemos confiar. Cada día noto en mayor medida que el poder del Elegido está aumentando a pasos agigantados. Debemos ser lo más prudentes posibles hasta que todo esto se acabe. Nada debe interrumpir nuestro trabajo.
- Tienes razón Raudonylos, no debemos confiarnos pero vamos a concentrarnos en lo realmente importante. Llevamos demasiado tiempo esperando el momento de nuestra venganza y ningún niñato nos lo va a impedir ahora.
Sumidos en su intensa conversación, ninguno de ellos advirtió una figura que se escondía entre los árboles. Su secreto no estaba a salvo.
La dama
La figura desapareció fugazmente entre los frondosos árboles. Su silueta era muy esbelta y unos largos cabellos negros como el azabache le ocultaban toda la espalda. Corría velozmente como si el mismo demonio la persiguiera, ningún obstáculo la frenaba en su trayectoria. Los sonidos de la noche se hacían cada vez más intensos pero el miedo no invadía su cuerpo. Transmitía una sensación de confianza y seguridad inalterables.
Estuvo caminando durante toda la noche, el paisaje nunca cambiaba, aquel bosque parecía no acabar nunca, sin embargo aquella extraña no aminoraba la marcha. Fue al fin, a la luz del alba cuando el ambiente en el que se encontraba cambió bruscamente. Como surgido de la nada, ante ella se extendía un pueblo de considerable tamaño en el que la tranquilidad y el sosiego eran notables.
Todo el mundo dormía y nadie parecía darse cuenta de la aparición de una extraña doncella en el pueblo. Con la claridad de la mañana podían apreciarse mucho mejor los rasgos de aquella muchacha. Era ciertamente hermosa, su rostro desprendía una gran luminosidad, pero lo que más resaltaba en ella eran sus hermosos ojos verdes. Tan verdes como las esmeraldas que parecían poder atravesar a cualquiera con lanzar una simple mirada. Su semblante era firme y parecía tener las ideas muy claras en su mente.
De repente como si de una loca se tratase empezó a gritar con una intensidad incontrolable. Todos los habitantes del pueblo se despertaron alarmados y salieron de sus casas rápidamente para comprobar qué estaba ocurriendo. A pesar de que el pueblo era bastante grande muchas casas estaban deshabitadas por lo que no habría más de cien personas en aquel momento.
La bella joven empezó a hablar enloquecidamente, diciendo palabras sin sentido que nadie comprendía. Nadie sabía qué hacer ni cómo actuar, cuando en ese preciso instante la joven se desvaneció. La conmoción se desató entre los habitantes:
- ¡Dios mío! ¡Llamen a un médico inmediatamente!
Un apuesto joven apareció de la nada. Era el hijo del médico del pueblo. Rápidamente cogió a la muchacha en sus brazos y ante la preocupación de todo el mundo la llevó a su casa. Nada más llegar la tumbó en una cama y llamó a su padre. Reinaldo era desde hacía muchos años el médico de aquel lugar. Nada más ver el rostro de la joven su expresión se volvió confusa. La exploró concienzudamente y tras finalizar dejó a su hijo Banistter al cuidado de la muchacha.
Poco después de que su padre se marchara algo raro ocurrió. La joven comenzó a balbucear unas palabras que apenas se entendían. Todavía no había recuperado la consciencia, parecía haber algo que le impedía despertar. Banistter prestó cuidadosa atención a lo que la joven decía aunque únicamente pudo distinguir dos palabras: muerte…peligro…
Este es un relato que empecé a escribir hace 4 años y todavía no acabé xD Lo había posteado en otro hilo pero no recuerdo cual...
Todo oscuridad. En aquella habitación imperaba la más sórdida oscuridad que uno se pueda imaginar. Un lugar en el que nadie estaría dispuesto a pasar un solo segundo de su vida. Un lugar que podría enloquecer a cualquier ser viviente.
El ambiente silencioso contribuía a que aquel entorno se volviera todavía más espeluznante y tenebroso. Sin embargo, algo rompía aquel silencio. Una respiración entrecortada y agitada se podía apreciar claramente en todos los rincones de aquella misteriosa habitación. Un joven de unos dieciséis años yacía casi inconsciente en un suelo mugriento donde únicamente había suciedad y donde solo las ratas podrían sobrevivir.
Poco a poco el joven fue recuperando la consciencia. Se llamaba Ileas y no sabía donde estaba ni que era lo que estaba haciendo allí. Su mente estaba completamente confusa y la gran oscuridad que lo rodeaba le complicaba mucho más intentar reconocer el entorno en el que se hallaba. Con el paso de los minutos pudo reconocer objetos que lo rodeaban y cada vez apreciaba con mayor detalle como era aquella habitación en la que se encontraba. Le parecía estar en una cárcel pues únicamente un pequeñísimo ventanuco lo comunicaba aparentemente con el exterior.
Unos ínfimos rayos de luz atravesaban el ventanuco que estaba protegido con gruesos barrotes de hierro. En la pared del cuarto había innumerables agujeros y estaba pintada en un tono lúgubre. De repente, Ileas se dio cuenta de que había algo en aquella pared, algo en lo que no se había fijado anteriormente. Unas letras de un rojo intenso decoraban la pared y en ellas se podía leer BIENVENIDO A CASA. Ileas apresuradamente tocó aquellas letras y pudo comprobar que sus manos se manchaban de una tinta rojiza lo cual le hizo saber que aquel mensaje había sido escrito recientemente y sabía que era para él.
El ático 2
La cabeza le empezaba a dar vueltas, no sabía como actuar, no tenía escapatoria posible. Todo a su alrededor lo confundía, nada le propiciaba el consuelo y apoyo que necesitaba con tanto fervor en aquel momento. ¿Quién le había llevado a aquel lugar tan espantoso? Y sobre todo ¿por qué?.
Ileas era a su parecer un chico normal como cualquiera de su edad. No tenía nada especial, nada que pudiera llevar a alguien a secuestrarlo.
Vivía en Groncesvalle, un pequeño pueblito a las afueras de Corbinay. Aquel pueblo estaba delimitado por enormes montañas, las cuales impedían ver la ciudad y todo lo que se encontraba más allá de esa gran muralla. Extensos de trigo cubrían una gran parte de su superficie mientras que en las zonas de mayor altitud se podían contemplar verdosos prados de gran tamaño.
La vida transcurría lentamente, como sucede en todos los pueblos, lejos de los ruídos y agobios que sufrían los habitantes de Corbinay. Aparentemente la mayoría de los habitantes del pueblo tenían un buen trato, salvo algún malentendido las discusiones no solían estar a la orden del día. Su familia era muy humilde y nunca había tenido problemas relevantes con ningún vecino, todo el mundo los quería por su gran amabilidad y atención.
Sin embargo en Groncesvalle no todo era tranquilidad. Desde hacía muchos siglos circulaba una leyenda por el pueblo que se había transmitido generación tras generación. Algo tan terrible que mantenía inquietos a todos los habitantes temiendo que algíun día se pudiera llegar a cumplir. La leyenda databa de 500 siglos atrás, cuando el pueblo había sido atacado por seres que nadie había llegado a identificar. Numerosas versiones se crearon el respecto; muchos hablaban de bestias salvajes otros de seres endemoniados. Realmente nadie sabía con certeza que había pasado allí.
Entre los objetos que no fueran destruídos se encontró uno que llamó particularmente la atención de los posteriores habitantes del pueblo. Un pergamino escrito en una tinta muy roja advertía de un gran peligro. Lamentablemente un fragmento del pergamino se encontraba quemado por lo que no se podía leer todo su contenido. La parte legible comunicaba lo siguiente:
“ Nadie, absolutamente nadie saldrá con vida de este pueblo. Un día todos los planetas se alinearán y en ese momento el caos será terrible. El daño que habeis echo lo pagaréis y no podreis escapar a vuestro destino. Solo…”
Ningún habitante sabía como continuaba la historia y eso les creaba una gran preocupación.
Las imágenes se acumulaban en su mente, toda su vida podía estar siendo destruída por algo ajeno a él o quizá más próximo de lo que se pensaba. Una gran fuerza comenzó a surgir en su interior, algo le decía que no se encontraba en aquel ático por una casualidad.
El bosque
Ajenos a lo que pasaba por la mente de Ileas, un grupo de hombres charlaban a la luz de la luna. Se encontraban en un bosque muy frondoso y la maleza los rodeaba con un aire amenazador. Uno de los hombres destacaba sobre el resto. Su estatura era sorprendente, cualquiera a su lado parecía una simple hormiga. Tenía unos rasgos muy marcados y avejentados, pero lo que más llamaba la atención eran sus ojos; unos ojos negros como el azabache y tan penetrantes que cualquiera se podría perder en ellos. Su aspecto lo convertía en un ser que irradiaba terror por todas sus partes.
Los demás miembros del grupo no parecían demasiado peculiares, únicamente resaltaba la gran cantidad de vello que cubría sus cuerpos. Todos parecían nerviosos, la intranquilidad y temor se apreciaba en el ambiente. En ese momento Centílope, el más alto de los hombres rompió el incómodo silencio:
- No debemos preocuparnos, sabéis que no tenemos nada que temer. La única persona que podría hacer fallar nuestro plan está en nuestras manos y nunca se convertirá en un peligro para nosotros. Le he encargado a Freudun que no bajara la guardia y lo vigilara muy de cerca.
- Sabes que no nos podemos confiar. Cada día noto en mayor medida que el poder del Elegido está aumentando a pasos agigantados. Debemos ser lo más prudentes posibles hasta que todo esto se acabe. Nada debe interrumpir nuestro trabajo.
- Tienes razón Raudonylos, no debemos confiarnos pero vamos a concentrarnos en lo realmente importante. Llevamos demasiado tiempo esperando el momento de nuestra venganza y ningún niñato nos lo va a impedir ahora.
Sumidos en su intensa conversación, ninguno de ellos advirtió una figura que se escondía entre los árboles. Su secreto no estaba a salvo.
La dama
La figura desapareció fugazmente entre los frondosos árboles. Su silueta era muy esbelta y unos largos cabellos negros como el azabache le ocultaban toda la espalda. Corría velozmente como si el mismo demonio la persiguiera, ningún obstáculo la frenaba en su trayectoria. Los sonidos de la noche se hacían cada vez más intensos pero el miedo no invadía su cuerpo. Transmitía una sensación de confianza y seguridad inalterables.
Estuvo caminando durante toda la noche, el paisaje nunca cambiaba, aquel bosque parecía no acabar nunca, sin embargo aquella extraña no aminoraba la marcha. Fue al fin, a la luz del alba cuando el ambiente en el que se encontraba cambió bruscamente. Como surgido de la nada, ante ella se extendía un pueblo de considerable tamaño en el que la tranquilidad y el sosiego eran notables.
Todo el mundo dormía y nadie parecía darse cuenta de la aparición de una extraña doncella en el pueblo. Con la claridad de la mañana podían apreciarse mucho mejor los rasgos de aquella muchacha. Era ciertamente hermosa, su rostro desprendía una gran luminosidad, pero lo que más resaltaba en ella eran sus hermosos ojos verdes. Tan verdes como las esmeraldas que parecían poder atravesar a cualquiera con lanzar una simple mirada. Su semblante era firme y parecía tener las ideas muy claras en su mente.
De repente como si de una loca se tratase empezó a gritar con una intensidad incontrolable. Todos los habitantes del pueblo se despertaron alarmados y salieron de sus casas rápidamente para comprobar qué estaba ocurriendo. A pesar de que el pueblo era bastante grande muchas casas estaban deshabitadas por lo que no habría más de cien personas en aquel momento.
La bella joven empezó a hablar enloquecidamente, diciendo palabras sin sentido que nadie comprendía. Nadie sabía qué hacer ni cómo actuar, cuando en ese preciso instante la joven se desvaneció. La conmoción se desató entre los habitantes:
- ¡Dios mío! ¡Llamen a un médico inmediatamente!
Un apuesto joven apareció de la nada. Era el hijo del médico del pueblo. Rápidamente cogió a la muchacha en sus brazos y ante la preocupación de todo el mundo la llevó a su casa. Nada más llegar la tumbó en una cama y llamó a su padre. Reinaldo era desde hacía muchos años el médico de aquel lugar. Nada más ver el rostro de la joven su expresión se volvió confusa. La exploró concienzudamente y tras finalizar dejó a su hijo Banistter al cuidado de la muchacha.
Poco después de que su padre se marchara algo raro ocurrió. La joven comenzó a balbucear unas palabras que apenas se entendían. Todavía no había recuperado la consciencia, parecía haber algo que le impedía despertar. Banistter prestó cuidadosa atención a lo que la joven decía aunque únicamente pudo distinguir dos palabras: muerte…peligro…
Este es un relato que empecé a escribir hace 4 años y todavía no acabé xD Lo había posteado en otro hilo pero no recuerdo cual...
05-17-2012, 12:26 AM
Pues me parece cojonudo, me has dejado con la intriga. A ver si algún día lo terminas, esto no puede quedar así xD. Ponle un final!
05-22-2012, 11:13 AM
+ Relatos señores!
05-22-2012, 11:26 AM
Cando teña tempo farei un, prometoo.
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